ES LA GRIETA, ¡ESTÚPIDO!

EDITORIAL

Me levanto cada mañana con la promesa de no leer las noticias ni ver las redes sociales hasta después de una taza de café que ponga en alerta mis neuronas, pero caigo, como cualquier infoinómano, ante el pinchazo de la primera notificación de mi celular.

Y así me sumerjo en una licuadora de datos que mezcla indiscriminadamente muertos por COVID, fases y caretas, picos y mesetas, nuevos protocolos y eternas transgresiones, índice de camas ocupadas por enfermos, cifras de sillas vacías por suicidas, alzas del dólar, derrumbe de bonos, esperados acuerdos de deudas e inesperadas subas de riesgos, bajas de empleos, aumento de subsidios, profundizaciones de cepos, recetas de nuevos atajos, sorpresa por huidas de empresas poderosas, olvidos de quiebras de emprendimientos exitosos, consejos para superar la ansiedad del encierro, recetas para convivir con los hijos, el teletrabajo y el sexo, crónicas de revanchas judiciales ejecutadas, amenazas de revanchas por ejecutar, civiles ejecutados en países lejanos…. y en barrios cercanos.

Y se siguen mezclando escandalosos arrepentimientos millonarios de futbolistas exiliados con los pocos llamativos likes en mi última publicación. Invitaciones a comprar pasajes en vuelos que ya te avisan que no saben si saldrán, fotos de pequeñas marchas vistas con el lente enfermo de gigantismo, loops de videos de barbijos quemados mezclados con reversiones de memes e ilustraciones que te tratan de imbécil si en algún momento el barbijo no te tapa la nariz. Gritos de libertad de gente que solo la quiere para sí misma porque los demás no la merecen, gritos de quienes defienden la libertad de los otros, pero solo los otros que ellos quieren. Cifras de abortos clandestinos (perdón, no, esas casi nunca aparecen en las noticias) comparaciones inútiles con países indiferentes, títulos que dicen lo contrario de la nota que titulan, información repetida, información ausente, estadísticas refutables con más estadísticas, incendios incontrolables por razones bien explicables, carteles inadmisibles revalorizando lo inconcebible, profetas de traje, profecías autocumplidas, algoritmos de ofertas del auto que quiero en formas de pago que no puedo cumplir.

Meritocráticos y choriplaneros agarrándose a trompadas digitales en el mismo grupo de WhatsApp, publicaciones de amigxs que admiro con mensajes que detesto, recuerdos recuperados por Facebook que desearía olvidar para siempre, post de fotos de animales ardiendo de dolor, dando gritos y más gritos, pero en mute porque no tienen perfil en Instagram ni voces robadas de Tik Tok. Nuevos decretos que hunden un poco más la poca rentabilidad que le queda a mi negocio, nuevas leyes que cubren un poco más a los inquilinos desamparados, impredecibles e inconcebibles motines de trabajadores armados que claman por los mismos derechos que las víctimas que ellos matan, obscenas fotos de victimarios en vacaciones, propuestas tentadoras de vacaciones inalcanzables, noticias sobre vacunas que no llegan y antivacunas que no se van.

Y en el gran batido se mezclan terraplanistas con anarquistas en el mismo reclamo anticapitalista que parece terrorista a los ojos de un peronista progresista alarmista que termina dándole la derecha al fascista reconvertido en macrista negacionista en su mirada reduccionista.

Y en una epifanía post cafeínica y preapocalíptica me doy cuenta de que estamos hasta el cuello en el barro de la incertidumbre y la confusión, hundidos en el medio de la grieta, todos juntos, en el centro mismo del agujero que tratamos de profundizar para separarnos de los  que no son o no piensan como nosotros, y no nos damos cuenta de que estamos todos adentro la grieta, no de un lado o del otro.

El problema no es lo que pensás, el problema no es lo que yo pienso…. el problema es que si seguimos profundizando y reforzando lo que nos aferramos a creer y más aún si lo que creemos es fundamentalmente que el otro está irremediablemente equivocado y no hay posibilidad de que cambiemos la mirada ni el no yo… pues nada…

Solo queda recordarnos que las placas tectónicas de esta grieta que llevamos siglos profundizando se están cerrando y todos terminaremos adentro, aplastados como carne picada de una hamburguesa que ninguno de nosotros comerá. Abrir los ojos, cerrar la boca, expandir los oídos, profundizar el tacto y no dejarse guiar por el olfato envidioso de los banquetes que imaginamos se preparan en la mesa de al lado, sería una buena forma de descubrirle sentido/s a seguir viviendo en este país y principalmente en este mundo que está a punto de aplastarnos como un molesto mosquito… que ni siquiera transmite el dengue.

2 Comments
  1. Oscar Rubio dice

    Muy interesante reflexión, palabras que juegan ser dogmas al mismo momento que luchan por alejarse de todo dogma existente. Felicidades al autor

  2. Luis dice

    Muy buen poder de síntesis y capacidad para describir una sociedad enferma 🤒 pero de Covid la nueva enderezas es egoísmo por falta de virtud de idealismo de solidaridad de querer el bien común

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