EL EXORCISMO SECULAR DE MARISA ALLENDE

En su ensayo “Crónicas de una Córdoba Olvidada” de 1966, el historiador Fermín Ferragut describe que el tomo XXIII de las “Leyendas Infames…” es el más fantástico de toda la obra.

LEYENDAS INFAMES DE CÓRDOBA

En su ensayo “Crónicas de una Córdoba Olvidada” de 1966, el historiador Fermín Ferragut describe que el tomo XXIII de las “Leyendas Infames…” es el más fantástico de toda la obra. 

Según Ferragut, “las historias que allí se cuentan transitan un vacilante equilibrio sobre la capilar cornisa de la verosimilitud, amenazando a cada instante con dejarse caer hacia uno u otro lado del abismo de la realidad.”

Donde más palpable se hace esta descripción es en el capítulo VI, que ostenta el sugestivo título “Deus vincit diabolum. Lex vincit utrimque”.

En él nos deleitan media docena de leyendas urbanas de las cuales les transcribiré la que me resultó más provocativa.

O acaso más banal.

Marisa Allende ha sido poseída por el maligno.

No come, no duerme, se autoflagela y profiere blasfemias a diestra y siniestra.

Ni hablar de asistir al servicio dominical.

Sus padres –ignorantes de tal condición- están más que preocupados.

Al principio sospechan que se trata de algún tipo de gripe foránea, pero luego de la visita el primer médico generalista entienden que se trata de algo más grave.

Después de auscultarla, iluminar sus pupilas dilatadas y perdidas en la nada. Después de tamborilearle el hígado con los dedos, de escudriñarle las amígdalas con un bajalengua y de palparle la rigidez de la nuca. Después de tomarle el pulso y la presión arterial. Después de estimularle los reflejos. Recién después de todo eso, se vuelve hacia los padres, Maruja y Héctor, sentenciando -No tengo ni un atisbo de idea de lo que tiene! No encuentro ningún síntoma clínico! Señores míos, van a tener que consultar con un especialista…-

Con una lacónica reverencia el facultativo se retira sin hacer mayores comentarios, dejándolos más preocupados que antes.

Día tras día el cuerpo de Marisa se va deteriorando, casi al mismo ritmo que se deteriora la fe de sus padres.

– Nada! …Nada de nada! No encuentro nada! Ni lesión, ni tumor, ni nada!- sentencia otro médico maduro y canoso que la visita una tarde lluviosa.

Y así, un especialista tras otro comienzan a desfilar por el oscuro y lóbrego cuarto de la joven. Cada cual con su rutina de diagnósticos. Cada cual con su tratamiento infalible. Cada cual con sus estudios, análisis, radiografías y encefalogramas. Cada cual, al final de cuentas, encogiéndose de hombros y mirando a Maruja y a Héctor con semblante vacío de respuestas.

A estas alturas, quienquiera que viera a Marisa podía advertir ya una notable metamorfosis.

Se ha vuelto lábil y azulada. Sus huesos han comenzado a aflorar sobre la piel impalpable, como un mapa topográfico intrincado y truculento. Sus ojos se han teñido de amarillo y sus pupilas negras y enormes continúan mirando ese punto fijo en el cielo o en el techo. Su rictus facial se ha vuelto tenso y bestial, como quien ha hecho de la monstruosidad su propia fisonomía.

Y como era de esperarse, comienzan a ocurrir esos fenómenos extraños en su habitación que sólo se le pueden atribuir a la brujería, la magia o los milagros, y que no voy a describir por puro pudor narrativo.

Y se empiezan a agotar las opciones.

Al menos las médicas.

– Esto no tiene precedentes! A mi no me queda mucho por hacer …quizás sea el momento de buscar otro tipo de ayuda…-

se disculpa el último doctor, calvo, laureado y eminente, venido desde Buenos Aires. 

Por prescripción de un homeópata le administran unas gotas azuladas que le provocan vómitos.

Por consejo de un parapsicólogo, deciden atarla a la cama para evitar que vuelva a reptar por las paredes y los techos.

Por sugerencia de un psiquiatra deciden sedarla y drogarla con cuanto fármaco les puedan proveer las farmacias.

Por consejo de un cura amigo de la familia, deciden llamar al arzobispado en busca de socorro.

Y una noche sucede.

Dos golpes en la puerta quiebran el silencio que reina desde hace tiempo la casa de los Allende. Maruja engancha la cadena y entreabre la puerta. Sobre el contraluz que da la farola de la calle se recorta la figura de un hombre mayor con sombrero y alzacuellos.

– Soy el padre Damián Carrascosa, me envía el Arzobispo. Soy exorcista especializado en niñez y adolescencia- se presenta sin prolegómenos.

Luego de tomar un té y escuchar los pormenores, los padres lo acompañan a la habitación.

El sacerdote no se impresiona de ver en lo que se ha convertido Marisa. Invita a los padres a retirarse y luego cierra la puerta con llave.

Saca de su portafolios un rosario consagrado, agua bendita y el Ritual Romano.

Enciende un incienso, más por el nauseabundo olor de la habitación que por una exigencia litúrgica.

Comienza a recitar las letanías de Ritual al tiempo que Marisa se contorsiona y vocifera insultos en español, en latín y en vasco, como una reacción blasfema a cada palabra sagrada del cura.

Lo que sigue a continuación es lo que hemos visto tantas veces en infinidad de casos de posesión demoníaca seguido por el protocolo de exorcismo católico habitual.

Trances, levitaciones, movimientos espasmódicos, vómitos viscosos, trucos de telequinesis, demostraciones de poder y amenazas mutuas entre los representante de la divinidad y la malignidad, entre otras pirotecnias paranormales.

Los padres de Marisa son testigos auditivos de toda la escena, sin poder hacer otra cosa más que orar.

Luego de tres horas, el Padre Carrascosa sale abatido de la habitación.

Maruja y Héctor van a su encuentro, ansiosos.

El cura menea la cabeza mientras se seca un escupitajo del rostro.

– Nunca me encontré con nada parecido! El Ritual Romano no ha dado resultado! Ni la cruz, ni el agua bendita… nada! Evidentemente estamos en presencia de una entidad demasiado poderosa!- intenta explicar lo inexplicable.

-…P… pero qué vamos a hacer, Padre? Tiene que ayudarnos- implora la madre de Marisa angustiada.

– Yo ya no puedo hacer más nada, señora… la religión se quedó sin herramientas.- la desanima el cura apesadumbrado.

El padre de Marisa se rehusaba a rendirse.

–Pero tiene que haber algo que podamos hacer! Alguien más a quien podamos acudir! Una instancia superior!-

El sacerdote mira a los padres con gesto indeciso y luego de pensarlo unos instantes, arriesga un último recurso.

– Existe una posibilidad…- les dice sin demasiada convicción. A la pareja se le iluminan los ojos. – …Es remota, pero posibilidad al fin…-.

– Lo que sea, padre! Lo que sea- 

–Existe un hombre, un doctor…- continúa el cura mientras saca su pluma fuente y escribe en un papel -…él es el único capaz de enfrentarse a una entidad como ésta!

– Está seguro que él va a poder? – desconfía Héctor.

– Digamos que podríamos considerarlo infalible! Ya hemos acudido a él en otras ocasiones y sus resultados son sorprendentes!- los tranquiliza el padre Damián.

Luego de entregarles el papel, el cura se retira mientras intenta limpiarse de la sotana un fluido verdoso que le ha quedado impregnado.

Maruja y Héctor se miran y dibujan en sus rostros sendas sonrisas de esperanza.

Pocos días después, dos golpes en la puerta vuelven a quebrar el silencio de la casa.

Maruja engancha la cadena de la puerta y la entreabre.

Sobre el contraluz de la luminaria de la calle se recorta la obesa y honorable figura de un hombre con sombrero y sobretodo.

– Soy el doctor Posse Molina- Se presenta sin humildades.

– Pase doctor…- convida Maruja.

Ya sentado en el living de la casa, el Dr. Posse Molina intenta tranquilizar a ambos padres.

– Lo mío es exorcismo persuasivo… y créanme, soy muy persuasivo!– sonríe con cinismo –No se preocupen, tengo todo bajo control.

Posse Molina entra a la habitación con su portafolios. Detrás de él entran Maruja y Héctor.

Héctor le acerca una silla para que se siente frente a la cama.

Ambos padres, que se han quedado parados detrás de él, se miran esperanzados.

El doctor abre el portafolios y saca una pila de papeles, algunas carpetas y comienza a acomodarlos.

Luego de leer superficialmente algunos de los papeles y acomodar otros, Posse Molina mira fijamente a Marisa con gesto intimidatorio.

– Antes de empezar, es importante, señor Lucifer, que sea consciente de la gravedad de su situación!- 

Los esposos se miran extrañados, mientras que el demonio que habita en Marisa -y se expresa a través de ella- frunce levemente el ceño algo desconcertado.

Posse Molina comienza a leer.

– En la Ciudad de Córdoba, a los diecisiete días del mes de mayo de mil novecientos cincuenta y dos y por la presente, quien suscribe, Doctor Arnulfo Nicanor Posse Molina, o sea yo, en mi carácter de apoderado legal de la familia Allende y conforme a las Leyes de Usurpación de Identidad, Apropiación de Estado Civil y Falsedad Ideológica, conforme a la Ley 23092 de Alquileres y Desalojos vigente, contempladas en el Código Contencioso Administrativo de la República Argentina, consecuente con los artículos 71 y 181, capítulo IV del Código Penal y los artículos 139 y 401 referentes a la Usurpación de Identidad, intimo al locador, barra, usurpador del cuerpo e identidad de la locataria, barra, damnificada

El Dr. Posse Molina hace una pausa, se ensaliva el dedo y pasa la página. Marisa abre los ojos con atención, algo inquieta. Maruja y Héctor vuelven a mirarse más desconcertados que antes.

Posse Molina retoma.

– …a ponerse a derecho, deponiendo su nefanda actitud y devolviendo el cuerpo e identidad a su legítima propietaria, bajo apercibimiento de ser declarado en rebeldía, con las consecuencias legales, penales y civiles que de dicha actitud se deriven, a saber, dos puntos…-

El abogado hace otra pausa, intentando dejar tácitamente expuesto que lo que vendrá a continuación será la parte más importante de su exposición.

– …Un resarcimiento económico a favor de la damnificada equivalente al valor de un alquiler inmobiliario promedio de una propiedad de setenta metros cuadrados en zona residencial, incluyendo impuestos, servicios, expensas y gastos comunes, actualizados al día de la fecha, más un monto resarcitorio en concepto de intereses punitorios ajustados de acuerdo al Índice de Precios al Consumidor, verificados por INDEC y Cámara Argentina de la Construcción. Asimismo, un monto exigible que el Tribunal considere pertinente, conforme a los valores promedios vigentes, en concepto de Lucro Cesante, Daño Moral y Daño Emergente, sin perjuicio de afrontar los cargos y Honorarios Profesionales de la Defensa y la Fiscalía que de la presente causa surgieren…-

Posse Molina se inclina hacía atrás con suficiencia para dar la estocada final de su presentación. Marisa y su demonio interior ya no pueden disimular la creciente preocupación, que a estas alturas ya se ha convertido en temor. 

-…De persistir en su estatus de rebeldía, la Cámara interviniente procederá “Ipso Facto” librando los  correspondientes autos de embargo de cuentas bancarias e incautación de bienes registrables a su nombre, así como también se gestionará su incorporación en el Veraz y una denuncia formal por evasión impositiva durante los períodos imputables, ante la Administración Federal de Ingresos Públicos, tanto del Locador, barra, Usurpador, como de su Codeudor Solidario si lo hubiere. Queda usted debidamente notificado!-

Posse Molina, muy sosegado y con una sonrisa de satisfacción, le acerca el escrito a Marisa -y a su diabólico usurpador- adjuntándole una pluma.

-Firme acá, por favor!

El demonio de Marisa mira el papel aterrorizado.

Grita con profundos sonidos guturales maldiciones y apostasías en español, latín y vasco, y luego de contorsionarse durante algunos instantes, sale del cuerpo de Marisa y huye por la ventana para no ser visto nunca más.