DEJAR DE LADO LA INTELIGENCIA

Un viaje profundo en busca del sentimiento perdido, un retorno a lo ininteligible. Es lo que propone el cantautor Ignacio Joaquín en su proyecto solista Ignacio Joaquín y las mudanzas. Este artista de 39 años, oriundo de Quilmes, pero actualmente radicado en Río Ceballos, viene de estrenar su último LP, bautizado “El día en que dejé la inteligencia de lado”.

Ex vocalista de Totoral, reconocida banda del circuito local que permaneció activa entre 2012 y 2016 y que cuenta en su haber con dos discos, Ignacio ha compartido escenario con una multitud de artistas y bandas independientes en la última década, entre los que se encuentran Santiago Motorizado y 107 Faunos.

‘El día en que dejé la inteligencia de lado’ vio la luz en enero de 2020 y es su segundo trabajo discográfico solista, precedido por ‘El espiralado tobogán del amor y de la vida’ (2014) y por dos singles: ‘Preguntale al río’ (2013) y ‘Scroll’ (2016). Este álbum de 9 canciones, recorre diversos estilos que van del pop a la música electrónica, sin por eso dejar de atravesar atmósferas de rock más (como en ‘Vas buscando’) o menos (‘Tan natural’) pesado e intervalos francamente acústicos (‘Caída’ y ‘Peligro’). Con letras que reflejan un estilo directo y cotidiano, y arreglos más bien minimalistas que acompañan y envuelven la melodía de la voz en su desplazamiento a través de una serie de temas preferentemente breves (la mayor parte de ellos no supera los 3 minutos), el cantautor bonaerense marca un estilo original e inconfundible.

La simpleza del mensaje se deja traslucir en temas como ‘La estoy flasheando’ (“Con cada detalle de tu cuerpo / sabrás mujer / la estoy flasheando”) o ‘Nada más lindo’ (“No tengo nada más lindo que hacer que estar con vos”). Pero cuando Ignacio cierra el tema ‘Te dije más’ cantando “merecemos la mentira que queremos creer” nos deja pensando en silencio, con la sensación de que la transparencia de sus letras es mera apariencia.

Hay más: ‘El día en que dejé…’ es un disco indomable. Resiste cualquier clase de definición en términos de categorías. El optimismo como trama hiladora del álbum se desluce y se disuelve en puntos de inflexión que acaban por ser canciones nodales. Ni siquiera la lengua es capaz de aglutinar los temas: ‘Forces’ está completamente cantado en inglés, sobre una base armónica que trae reminiscencias del grunge. Cualquier intento de representarnos una cohesión acaba por devenir inconexión. Ignacio se bate contra el viejo y perimido paradigma del disco como unidad estética. Y esa pequeña rebelión es en sí una forma de belleza.

En los últimos meses, el cantautor viene trabajando, además, en algunos singles que compondrían una suerte de EP de reversiones del último disco, que llevará el nombre “El día en que dejé la inteligencia de lados B”. ‘Nada más lindo’ abre la serie, en una renovada faceta “country style” que contrasta de inmediato con el estilo electrónico de la composición original. A continuación, recorriendo el mismo camino en sentido inverso, el artista presenta un ‘Caída (Electro Version)’, que revivifica y a la vez desfigura una primera versión acústica. La intención, en el fondo, con una impronta melancólica, permanece intacta.

En entrevista con Pogo, Ignacio habló de su último trabajo y de su carrera musical en general.

¿Tenés alguna temática recurrente en tus letras? ¿En qué te inspirás a la hora de escribir?

-Casi todas las canciones que he hecho giran en torno a situaciones románticas, de relaciones de amor o de desamor, con algunas excepciones que giran en torno a problemas más existenciales, que en algunos casos vienen combinados.

¿Qué influencias musicales reconocés en tus temas?

-De la música que he escuchado creo que en la que más me he inspirado para hacer mis canciones es la que me pegó por el lado más emocional o catártico: suponte cosas del tango o del pop en general. Si bien otros estilos me llegan por otros lados, como el jazz o el post rock, que me copan a nivel estético o intelectual, como que no me ha salido hacer música de ese tipo, aunque podría intentarlo eventualmente.

¿Y artistas en particular? ¿Alguno?

 -De base suponte los Beatles, Calamaro, Bowie… Últimamente estuve muy fan de Pablo Malaurie, Diosque, El Mató…

¿Te encasillarías dentro de algún género?

-No, la verdad es que dejo que cada canción me vaya pidiendo elementos de un género, si sirven para lo que quiere transmitir. En el último disco intenté un poco ver si podía hacer ‘electro pop’, pero no sé si me salió del todo bien. Quedó un híbrido.

Componés temas por lo general bastante breves, ¿es intencional?

-No, no es premeditado. Algunos temas por ahí salen más largos, otros son más pequeños. Cuando compongo surge una idea que suele ser el estribillo o alguna frase con la base de la armonía y de ahí se arma la canción, que en general me toma una o dos noches. Después de eso, aunque intento no puedo agregar partes C o ampliar o revisar la estructura. Incluso con la letra. Me cuesta mucho reescribir partes.

Te gusta trabajar con instrumentos electrónicos, ¿no?

-Eso fue todo un aporte de Pablo Looper. El disco surgió a partir de esta idea de experimentar con el electro pop, y como él venía trabajando con esos materiales, lo contacté y le dije si le gustaría encarar unas canciones que tenía. Él labura con Ableton, armando programaciones, tanto de ritmos como de sintes. Esos fueron los primeros pasos con el disco. Sobre la base de los temas grabados con guitarra y voz, él fue aportando esos elementos. Después, para meter otros colores se agregaron varias cosas: violines, bandoneones, guitarras, baterías, hay algún piano acústico también, cuatros, etc. Pero en sí la parte ‘electrónica’ fue armada 100% en el secuenciador, sin ‘tocar’ en vivo digamos.

-¿Tenés algún otro proyecto en marcha actualmente?

-Estoy terminando un single, que está compuesto por dos temas que tienen una suerte de unidad temática. Ya está casi listo le falta un poco de mezcla nomás.

Hay mucha preocupación en torno a la falta de oportunidades para realizar shows en vivo tanto en la ciudad de Córdoba como en la provincia (fuera del formato solista que ya empezó a tener algún repunte) ¿Cómo ves este 2021 que se viene para la música y los músicos locales?

-No sé la verdad cómo se desenvolverá el panorama de cuidados en torno al COVID. En caso de que sigan las restricciones supongo que la única que queda es inventar otras formas que no sean el vivo para llegar al público. Es terrible el quiebre con respecto al mundo físico que se ha generado. En particular yo, por trabajar en software y vivir en las sierras, medio que me acostumbré a este estado prácticamente virtual. Es complicadísimo, pero si así se salvan vidas supongo que es necesario. Por ahí en lo que es digital hay muchos espacios que podrían ocuparse. Hoy hay mucho monopolio me parece en ese ámbito, que si se pudiera romper un poco quizás de aquí mismo podría surgir un modelo sustentable para vivir del arte.

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